Para Husserl el ideal de la razón es la actitud que define a toda filosofía auténtica. Todo ideal, precisamente por la ambicion histórica que lo define, necesita ser conjugado en cada momento. El problema es cómo conjugar el racionalismo de manera que, aplicado al saber, permita superar la crisis de las ciencias europeas.
La exclusividad con la que en la segunda mitad del siglo XIX se dejó determinar la visión entera del mundo del hombre moderno por las ciencias positivas y se dejó deslumbrar por la prosperity hecha posible por ellas, significó paralelamente un desvío indiferente respecto de las cuestiones realmente decisivas para una humanidad auténtica. Meras ciencias de hechos hacen meros hombres de hechos.
[...] La ciencia, ¿qué tiene que decir sobre la Razón y la Sinrazón, sobre nosotros hombres, en tanto que sujetos de esta libertad? La mera ciencia de los cuerpos materiales, evidentemente, nada tiene que decir, puesto que ha hecho abstracción de todo lo subjetivo. Por otra parte, en lo que concierne a las ciencias del espíritu, que en todas sus disciplinas especiales o generales consideran al hombre en su existencia espiritual y, por tanto, en la perspectiva de su historicidad, su carácter rigurosamente científico exige, se afirma, que el sabio elimine cuidadosamente toda posible toma valorativa de posición, todo preguntar por la razón o sinrazón de la humanidad y de sus configuraciones culturales que constituyen el tema de su investigación. La verdad científica, objetiva, es exclusivamente la comprobación de lo que el mundo, tanto físico como espiritual, efectivamente es. Sin embargo, el mundo y la existencia humana en ese mundo, ¿pueden verdaderamente tener un sentido, si las ciencias no admiten como verdadero más que aquello que puede ser comprobado objetivamente de esta manera, si la historia no puede enseñar más que esto: todas las formas del mundo espiritual, todas las obligaciones vitales, todos los ideales, todas las normas que, según el caso, sostienen los hombres, se forman y se deshacen como olas pasajeras; siempre fue así y siempre lo será, siempre la Razón debe convertirse en Sinrazón y la buena acción en calamidad? ¿Podemos darnos por satisfechos con ello, podemos vivir en este mundo cuyo devenir histórico no es otra cosa que una perpetua concatenación de impulsos ilusorios y amargas decepciones?